La oreja rota.

 

Esta tarde de otoño, hacia las 16, estaba cortado un seto de abetos. La altura del seto es bastante alta ya que es abajo de una cuesta con relación a la casa y a lo largo de la carretera. Pues para ocultar el jardín y la casa, es necesario que los árboles sean altos. Para cortar los jóvenes crecimientos que se lanzan hacia el cielo, una cillaza para cortar las ramas de los árboles al cabo de una pértiga de 3 metros es la herramienta indicada. Había utilizado varias veces este material y su manejo no me planteaba más de problema y trabajaba con una determinada rapidez en este tamaño en altura.

 

una cillaza para cortar las ramas de los árboles al cabo de una pértiga de 3 metros

Esta tarde allí, había comenzado por trabajar sobre mi micro ordenador para redactar un texto. Pero el bonito tiempo lo había incitado ya no volver a poner aún más estos trabajos de importancia de los setos y a terminarlos antes de las primeras nieves. Hacia el final de este trabajo, una punta más grande no se cortó también fácilmente que otros. El tronco era más grande que el grosor admitido para esta clase de descocador y sabía que tendría de subir sobre la pértiga la sierra que más se indica para estos grosores. Cambiar de herramienta iba a tomarme diez a quince minutos y se presionaba acabar este trabajo. Decidí forzar el corte con el descocador. Una vez que las dos cuchillas de la cillaza fueron bien de la madera del tronco, liberé la pértiga para extraer contra la cuerda con mis dos manos y forzar la cillaza a cortar el tronco. Pero bajo la presión, la cillaza deslizó sobre la madera y la pértiga con el descocador volvieron a caer hacia mi, directamente hacia mi cráneo. El brazo de la cillaza superior impulsada por la cuerda y el sistema de polea, como la cuchilla de una espada o de una grande cuchilla, se presentaba para caer en medio de mi cráneo y romperlo ciertamente. Inmediatamente, me di cuenta de que estaba en peligro de muerte, una vez más estúpidamente en peligro de muerte.

 Con todo no me morí y no se rompió mi cráneo. Sólo el lóbulo de mi oreja izquierda recibió el golpe y el descocador deslizó a lo largo de mi cabeza sin herirme diferentemente. Cuando yo puesto mi mano sobre esta oreja, constato que el lóbulo se cortaba en dos, que sangraba pero no mucho y que no tenía mal. Debía sin embargo volverme a las urgencias para que un cirujano me recouse el lóbulo de la oreja, lo que se hizo dentro de la hora siguiente. Para todos, tuve mucha oportunidad y todos me recomendaron ya no cometer esta clase de imprudencia. En la actualidad, después de dos años, tras mis anteriores accidentes igualmente inscritos sobre el registro de un hospital e igualmente vividos a través de un encuentro con nuestra dimensión de vida que rodea nuestra condición humana y carnal, el tiempo de nuevo ha acabado de hablar no de esta oportunidad que me hace cruzar los peligros más mortales pero de esta nueva intervención de el que vive en nosotros y que cara cada vez más toma una cualquier otra que este ángel encargado benévolo de las tradiciones religiosas que lo entregaría de los tormentos y nos guardaría peligros y accidentes.

 Mi espíritu inmediatamente incluyó el peligro, mi vista quedaba clara: la unidad no podía sino caer sobre mi cabeza, en pleno medio. Casualidad o no, el peligro era bien reales y el golpe iba a caer en los dos segundos que iban a seguir y probablemente más rápidamente aún. Mi espíritu había incluido: se me tomaba en una trampa mortal ya que en mi último accidente mortal y en mi tercer décorporation (una salida fuera del cuerpo ) que lo había implicado bien más allá del cruzado del pozo de luz, ya había recibido un choque violento sobre mi cráneo por una caída de piedras en una escalada sobre pequeñas rocas en el fondo de un valle en el macizo del Mont Blanc. Un nuevo choque violento podía romper la cicatrización anterior de la caja craneal sin contar que el golpe que se presentaba, sucedía mientras que no tenía esta vez casco sobre la cabeza y que el final de metal era capaz de romper directamente la caja craneal. La conciencia del peligro mortal fue una evidencia. Me dije que era de verdad idiota morir así pero que había cometido una grava a falta de imprudencia y de ligereza en cuanto a la seguridad. Desde todo joven, como poeta, sabía que era distraido y que a fuerza de pensar en la otra cosa, yo olvido normas elementales en la mayoría de los ámbitos de la vida diaria. Una vez más, me había hecho tener y no veía como esta vez iba a me poder me salir. No podía ya hacer nada si no esperar que este golpe llega sobre mi cabeza para saber a continuación si iba a ser de nuevo décorporer, ver mi cuerpo yacente por tierra. En ese momento, podría de nuevo intervenir siempre y pedir a la misma persona que vive en mi, el poder de volver de nuevo en mi cuerpo carnal. Pero si tuviera esta esperanza basada en mis experiencias anteriores, sólo tuviera ningún seguro sobre los daños fuera a causar la caída de este descocador sobre mi cráneo. No estaba en absoluto claro que iba a encontrarme después del choque, en estado de décorporation junto a mi cuerpo carnal con todo esto era la única solución que mis experiencias me indicaban y yo se habían preparado mentalmente a sufrir el choque, el agujero negro, el choque inevitable. Era ya muy feliz que mis experiencias previas me hayan permitido suspender el tiempo un segundo o dos para bien prepararme a este nuevo encuentro con la muerte de mi cuerpo carnal.

 No pude proseguir mis pensamientos. Mi espíritu se desconectó de mi cuerpo e inmediatamente otras sensaciones tomaron el relevo y otra presencia tomó la dirección de las operaciones. Mientras que esperaba el choque, recibí el seguro de el que vive en cada uno nosotros, que no habría choque. Estaba de nuevo presente en mi para dirigirlo todo. El tiempo no avanzaba siempre y la pértiga con el descocador era todavía más a de un metro sobre mi cráneo. Observé en esta dirección y constaté que mi cuerpo se encontraba como dentro de una caja protectora cuyas dimensiones medía exactamente. El que vive en nos había desplegado este sobre protector y éramos ambos al refugio del peligro. Era que tranquilizaba muy y yo comenzaba a sentir en mi este estado de sosiego y felicidad tan característica de los Estados de décorporation que ya había conocido. Con todo una cuestión seguía siendo pendiente: cómo deshacerse de esta amenaza mortal, cómo evitar el golpe pegado por el descocador. Había acabado apenas este pensamiento en mi espíritu que todo se volvió a poner en movimiento. Estaba todavía en el centro de este movimiento, sabía que el golpe iba ahora a venir pero no observaba ya en dirección de la pértiga que caía: asistía en directo a la empresa de mi rescate rastro no solamente por el que vive en nosotros pero por dos presencias que trabajan juntas en perfecta sincronización y armonía. El que vive en nosotros y nos ayuda a cruzar el pozo de luz permaneció en mi. Como era ahora con experiencia para cruzar los bordes de la muerte, él mismo dejó mi espíritu registrarlo todo sin venir a desconectarlo o pegarlo de una descarga potente con el fin de causar más un décorporation para para ser a continuación a la comodidad en el trabajo prorrogarme en mi cuerpo. Me hizo incluir que ambos no tenían tiempo que perder con mi y que no habría décorporation: es decir, un período durante el cual no sabría ya nada, no comprendería ya nada. Los conocía, sabía cómo trabajaban allí-alto después del pozo de luz y no tenía ya que tener temor o miedo frente ellos. Formábamos a un equipo de tres personas para evitar las consecuencias mortales de este accidente estúpido. 

El que vive en nosotros se tenía a mi lado, en realidad éramos dos en mi cuerpo como si mis ojos se dividían en dos, cada uno utilizando la mitad de los ojos para seguir lo que iba a llegar. No es que el techo de nuestro sobre protector fue frágil, no, pero la pértiga debía proseguir su camino hasta caer al suelo. El que vive en me nos sabía lo que iba a pasar, me no y el miedo se puso a invadir mi espíritu. Quise hablarle pero antes de que una primera palabra salió de mi espíritu, la acción se puso en marcha. Una fuerza extremadamente potente se apoderó de mi cuerpo para solidificarlo como una estatua de piedra y en el mismo momento esta fuerza que actuaba en mi cuerpo carnal se manifestó a la altura de mi cabeza para empujarlo ligeramente hacia la derecha. Era completamente consciente en mi espíritu y completamente a gracias por esta presencia que descartó mi cabeza. Yo sentidos ningún golpe, ningún mal ni sobre mi cabeza, ni sobre mi hombro izquierdo, ni a lo largo del cuerpo. No hubo ningún rasgón en mi espíritu, como si una vez el descocador pasado junto a mi cráneo, estas dos presencias se habían enviado de desaparecer por tareas bien más importantes para ellas. Con mi mano, sentí que el lóbulo de mi oreja izquierda se cortaba, que había un poco de sangre.

 Oh no estaba ni contento ni en cólera pero un poco triste y confuso ya que mi torpeza había sido la causa de su intervención tan rápida y tan eficaz. Los había molestado, en absoluto habían venido a hacer su trabajo para salvarme de esta amenaza mortal. No tenía a su declaración gracias ni que disculparme pero estaba un encuentro bien inacabado y al gusto amargo. Las veces anteriores, había un intercambio, lo habían probado y había podido descubrir nuevas cosas desconocidas sobre tierra. Allí, era como si precisamente tenían todo hecho para que este choque no me implique de nuevo al pie del pozo de luz. Habían evitado deber ayudarme a cruzar este pozo de luz. No querían que me encuentro una segunda vez más allá del pozo de luz por pasearme un curso momento entre ellos antes de que esté devuelto rápidamente sobre tierra. Allí último vez se me había devuelto sobre tierra y eso había planteado algún problema ya que nunca sólo se le había previsto llegue allí-alto entre ellos. Esta vez, tenían para evitarme todo hecho un nuevo viaje. Resumidamente, me habían prohibido una noticia décorporation y una nueva posibilidad de encontrarme allí donde había ido. Quedaba claro: desde este último viaje entre ellos, se desconfiaban, me supervisaban estrechamente y se producían directamente para evitarme esta clase de accidente. Esta es la razón por la que estuve profundamente triste algunos días después de este accidente. Decidían todo y hacían lo que querían mi, incluso para salvarme de los peligros de la vida terrestre. Además eran solamente dos y no las que viven normalmente en cada uno nosotros.

 Luego un poco más tarde, abandoné esta tristeza para comprender mejor lo que había pasado. Por experiencia sé desde mucho tiempo que cada etapa, cada encuentro aporta nuevos conocimientos que me permiten ir siempre más lejos en mi visión de los misterios de la vida. ¿Qué lección podía tomarse de este rescate imprevisto?

La segunda presencia que estaba allí, pienso conocerla: se encargó expresamente de mi vuelta sobre tierra cuando estaba más allá del pozo de luz. Eso lo había sorprendido y había pedido ante mi una confirmación de este orden. No podía sino obedecer y era ella obviamente que había impulsado mi cabeza sobre el lado para evitar el choque. ¿Pero por qué con esta fuerza incomensurable no me había impulsado más un pequeño conjunto poco con el fin de proteger también mi oreja? ¡Oh! no era una venganza hipócrita para haberlo hecho dejar el mundo superior y haberlo obligado a venir a sobre tierra ocuparse más especialmente mi. Por otra parte, tiene el poder de permanecer en comunión, en fusión con el mundo superior y probablemente una vez la protección desplegada por el que vive en nosotros, haya tenido tiempo de volver de nuevo adjuntarse nosotros dos. Es posible. Esta oreja rota tiene un sentido, un sentido humano: ¿habría podido muy decir bien y escribir que se salvó de este peligro y que no sufrí ningún daño corporal pero es creíble? Cuando mis prójimos y el cirujano ven la oreja rota, todos se exclamaron que había tenido mucha oportunidad y que me extraía muy a buena cuenta. El accidente se inscribe en un registro de las urgencias de un hospital, hay testigos que vieron mi oreja rota. Es mucho más fácil de decir que cuando no sufriera ningún daño corporal. Es la primera lección que tomo de este rescate: estas presencias pensaron en la consecuencia, al hecho de que iba a deber hablar de su intervención. Y esta herida ligera sin ninguna gravedad, sigue siendo una marca indeleble de lo que hemos vivido ellas y mí a este momento allí.

 La segunda lección se refiere a las deducciones que es posible extraer de este accidente: ¿este rescate perfectamente imprevisto puede reproducirse ante la amenaza mortal de un arma, de una flecha, de una bola de fusil, de resplandores de bombas? La respuesta es obviamente afirmativa. Las condiciones para beneficiarse de esta intervención protectora sobrenatural, para beneficiarse de los poderes del mundo superior, se conocen: en mi caso, la condición es haber sido una vez más allá del pozo de luz al descubrimiento de las potencias del mundo superior y de ser devuelta a continuación sobre tierra. Esta condición coloca sin embargo interrogación: ¿es necesario para esta clase de rescate la intervención de dos presencias o el que vive en nosotros basta para organizar este rescate? Conozco desde la edad de doce años la fusión de los almas, principalmente entre el que vive en nosotros y nuestro espíritu. En este rescate, esta fusión fue un trío manifiestamente. ¿Entonces, el que vive en se lo duplicó en dos presencias? La transfiguración explica este mecanismo de la fusión en una única presencia que conduce el viaje más allá del pozo de luz en un sentido como en el otro luego, a la llegada la transfiguración explica este mecanismo que las presencias reanudan sus identidades separadas. Por ejemplo un ser humano puede mostrarse en su cuerpo humano y en su cuerpo celeste gracias a la transfiguración. La cuestión esencial consiste a saber si aquél que vive en se lo calcula las dimensiones en sus poderes sobrenaturales solamente para ayudarnos a cruzar el pozo de luz al momento de nuestra muerte o cuando un riesgo mortal ocurre. Es lo que constaté en mis accidentes anteriores.

 Pero cuando se trata precisamente ya de no cruzar el pozo de luz y de evitar el accidente sin ningún décorporation y sin que aquél que vive en no se nos separa de nuestro cuerpo humano, parecería que él necesite una ayuda complementaria que viene del mundo superior.

No es una cuestión de fuerza o debilidad, de capacidad o incapacidad. Es necesario una autorización para utilizar poderes suplementarios que vienen del mundo superior. Es una cuestión solamente de autorización. El que vino a ayudarlo a garantizar este rescate tuvo esta autorización y fui testigo la vez anterior, cuando pide una confirmación del orden de acompañarme en mi vuelta sobre tierra. Esta autorización se refiere al hecho de revelar una parte del funcionamiento de las potencias del mundo superior y esta autorización se da cuando el ser humano no sufrirá un choque cognoscitivo y emocional ante esta demostración inexplicable según el conocimiento humano, resumidamente que no hundirá a continuación en la desesperación y la locura. Eso hace ahora dos veces que tuve derecho de ver y observar incluso furtivamente la acción de las presencias que se ocupan de mi planteamiento espiritual y mi trabajo poético. En efecto adquirí esta capacidad vivir con ellos, ya no temerlos y modestamente más los embêter por solicitudes pueriles y descortesas. El que vive en nos planteó la cuestión a la otra presencia antes de comenzar el rescate. Ambas admitieron inmediatamente que era capaz de asistir en directo a lo que iba a seguir, lo que les simplificó en gran parte mi rescate. En la actualidad, retengo este hecho de que estas dos presencias me han hecho confianza, me admití a compartir su manera de actuar hacia mi. No era una marioneta entre sus manos. Nunca no hay estas dos últimas veces el menor nivel jerárquico entre ellas y mi, la menor señal de superioridad o autocracia, el menor orden para obligarme a la obediencia. Estas presencias toman un riesgo para actuar también abiertamente pero parece que a lo largo de nuestros encuentros, como poeta, encontré palabras más bien justas para hablar de este diálogo del alma para el alma que se instauró entre nosotros, que mi videncia no tiene nada de excéntrica o de loufoque. Es muy que reconforta.

 Esta segunda conclusión que puedo sacar da una muy nueva perspectiva al planteamiento iniciático que intento comprender y describir en mi trabajo de poeta. Inmediatamente, me acordé de este rito que debía realizar el joven iniciado a los poderes de faraón en el Egipto antiguo: debía buscar en el desierto el encuentro con un león y debía darle miedo y ponerlo en fuga gracias a sus nuevos poderes de iniciados. Era la prueba que disponía de los poderes del mundo superior, además claramente y de una manera más precisa, era la prueba que tenía con él esta presencia complementaria a el que vive en nosotros para ayudarlo a cruzar la muerte y que sabía utilizar esta nueva presencia para super los peligros de la vida terrestre. Estamos entonces en presencia de nueva Trinidad inscrita en nuestra condición humana y obtenerlo representa bien el objetivo último de la iniciación. No sólo correspondimos a la vida sino que además disponemos de una protección excepcional.

 Sigue siendo una cuestión pendiente: en este rescate, no hay ninguna otra intervención humana si no mi torpeza, mi error. Nadie de otro que yo había desencadenado el riesgo mortal. La única solución consistía en desviar mi cabeza de la trayectoria del objeto, lo que se hizo. Tomemos ahora el caso de un combate entre dos seres humanos: ¿estas presencias pueden actuar sobre el adversario para desviar sus golpes, perturbarlo hasta el punto que pierda sus capacidades belicosas y esté supido? ¿Cuando se supe, este adversario puede comprender lo que él fue supido por una potencia superior que se combinó al vencedor? ¿El león puede incluir que el ser humano que viene a a manos desnudas desafiarlo, es acompañado por una potencia que no pertenece a la condición humana y que está fuera de este mundo terrestre?

Ninguna objeción se opone a esta posibilidad. Al contrario, actuar sobre seres humanos me parece bien más fácil que de ser en frente de un objeto cuyo curso inevitable amenaza con matarles. Por otra parte, estas presencias no pudieron desviar de un milímetro el curso del objeto y la única solución consistió en empujar mi cabeza ya que tienen el medio de actuar sobre nuestro cuerpo humano como nuestro espíritu el hecho de ordinaria en relación con nuestros receptores sensibles.

 Hay pues la posibilidad de conducir un planteamiento iniciático hacia la obtención de estos poderes del mundo superior. Lo escribimos e ilustramos en nuestra novela: De Eleusis a Dendérah, la evolución prohibida. Por el contrario, realizar pseudo pruebas científicas y reproducir ahora esta clase de rescate no es posible. La mayoría de los iniciados que martyrisés por los dirigentes de los sistemas de poder civiles, militares o religiosos, se colocó ante este reto criminal: para comprobar el poder de dios que alegaban, estos iniciados que tenían la fe hacia el mundo superior y la vida según la vida humana, martyrisés. Algunos supieron resistir momentaneamente a sus verdugos gracias a la ayuda de una potencia del mundo superior. Pero la cuestión no reside solamente en el rescate del cuerpo humano bajo los golpes y las heridas. El cuerpo humano es la poca cosa con relación al acceso a la vida según la vida humana. La verdadera victoria del iniciado no es sobrevivir a su mártir sino de volver de nuevo ver a sus verdugos después de su muerte para hacerles incluir que es bien vivo y que tiene el poder que mantiene de hundir sus verdugos en el remord, la locura. Puede hacerles incluir que los crímenes que hicieron, van a prohibirles el acceso del mundo superior y que nadie no vendrá a ayudarlos si se presentan abajo del pozo de luz. La muerte no es más que un paso sino nunca la victoria de un verdugo o de un asesino. Mejor, un iniciado puede llegar hasta volver de nuevo vivir entre los nuestros para acabar su enseñanza espiritual. Es el misterio de la resurrección.

 

Somos pues en presencia de varios grados de terminación del planteamiento iniciático.

 Es pues posible preparar jefes de guerra al encuentro de estos poderes del mundo doble para que sean capaces de actuar sin tener miedo de estas presencias que van a venir a ayudarle a superar los peligros de la batalla. Esta formación se confió a los faraones de los tiempos más antiguos de la civilización egipcia y los druidas célticos lo utilizaban también para preparar los campeones que se enfrentaban delante de sus ejércitos. El vencedor era el que había sido el la más ayudada o protegido por estas presencias que había encontrado durante su iniciación. Antes mismo de la revelación de la acción de estas presencias, hay el despliegue del sobre protector, del techo que va a excluir el peligro fuera. Sin este techo, las presencias no pueden actuar. Este techo lleva en la tradición esotérica un nombre muy conocido: el templo. Está bajo la bóveda de este templo inmaterial que el rescate se desarrolló. Se inició al caballero sin miedo y sin reproche al descubrimiento de este templo protector y sabe que gracias él, puede evitar los golpes mortales de sus adversarios. Si después de la iniciación, este templo no se establece ya y que las presencias no actúan ya para protegerlo, entonces el momento vino para de enfrentarle la muerte y su misión en la otra vida. Los caballeros templiers no se volvían y preferían morir cuando su valentía no bastaba a super sus adversarios. No tenemos los rastros de su iniciación. Sabemos que los monjes que procedían a leu iniciación, eran los encargados de los restos del conocimiento tenido por los más viejos templos del Egipto antiguo cuyo el de Dendérah. Para nosotros, hay un estrecho vínculo entre la iniciación de los faraones y no se pierde la de los caballeros templiers, este vínculo, pueden restaurarle. Si el jefe de guerra iniciado no es ya digno de sus responsabilidades, se alivia por el grupo de las madres como fue el caso en los indios iroquois. Sabemos hoy que a estos indios iroquois hacia 1.300 fueron formados por monjes que viniendo de Europa, hacían la carretera hacia Tiahuanaco.

 Hasta ahora hablamos de los dos primeros niveles. Para el tercer nivel, sé que existe. Durante la escritura de la novela: De Eleusis a Dendérah, cuando trabajaba sobre las enseñanzas iniciáticas practicadas a Dendérah y que enfrentaba el libro de Albert Slosman que habla de estas enseñanzas esotéricas con mi experiencia y mis encuentros, tuve la ocasión de ser ayudado por dos personas. Se formó a estos dirigentes y a científicos según los ritos iniciáticos de los faraones. Hacía una confusión entre estos dos dirigentes y sabía que no tenía los documentos y los archivos que podían darme una respuesta precisa. Tenía necesidad de avanzar en mi escritura so pena de perder mi inspiración. Entonces sentí suyo dos presencias detrás de mi hombro soplarme la respuesta. La escribí. Cuando quiero agradecerlos, me di la vuelta. No estaban ya detrás mi sino a un metro sobre el lado. Se habían colocado allí para permitirme verlos mejor y me sonréían admirablemente para animarme que prosiguiera mi trabajo. Como iba a insistir para entablar la conversación y para no deber oponerme una denegación, tomaron la puerta y el pasillo para salir de la casa y a través de la pared los seguí de la mirada. Uno de mis niños entonces entró en la casa luego él vino a saludarme. Nunca me he atrevido a preguntarle si hubiera visto a alguien salir. Varios años después, en nuestra nueva casa, de este niño nos han dicho que prefería esta nueva casa porque en la anterior, había fantasmas: una vez, al entrar en el pasillo, había visto dos fantasmas salir y tenía el guardarse sobre el lado para dejarles pasar. Se trataba de estos dos dirigentes iniciados a Dendérah que vinieron a ayudarlo. No eran fantasmas en sentido común, es decir, difuntos que no encontraron el pozo de luz y que yerran sobre tierra en busca de una ayuda para dejar este mundo terrestre. Estos espíritus más o menos fantásticos muy se conocen de que practican del espiritismo y son especialmente fatigantes. Estos dos dirigentes tenían todos los poderes del mundo superior. Por supuesto, un poco más tarde pude comprobar la respuesta que la transmitieron. Era exacta y no la conocía ya que precisamente Slosman no hizo más que plantear la cuestión sin dar la respuesta, lo que lo había desafiado. Son recientes descubrimientos arqueológicos que sirven para dar una respuesta a esta cuestión sin quedar tan completos y claros que la que escribí.

 Como el cirujano me lo había dicho, el cartílago de la oreja se soldó con autógena de nuevo y la marca de este accidente se volvió muy pequeña, sensible solamente al tacto. Deseo proseguir mi planteamiento mientras que posible en esta condición humana sin volver ni sordo ni ciego ante estas presencias que acompañan esta marcha terrestre.

 

Esta página permaneció mucho tiempo sin ponerse en línea en este sitio web. A través de la asociación -Francia iANDS, este testimonio junta otras palabras que dicen estos momentos de vida y muerte y estos momentos de la vida según la vida humana. Al lector de hacer buen uso para alimentar su propio planteamiento poético, iniciático y espiritual.

 

Una técnica de décorporation         la vida después de la vida  

  

 

       Coloquio sobre la Experiencia de Muerte Inminente

EXPEDIENTE Francia 3 sobre el coloquio de 17 de junio de 2006 en Martigues

 

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