Debate:

salir de la biblioteca el libro de B. Malinowski sobre los indígenas de las islas Trobriand puede ser pertinente hoy:

las civilizaciones siempre han tenido que regular la cuestión del trabajo para todos. La ociosidad que era madre de todos los defectos y el trabajo que era el zócalo inevitable para construir su identidad social, el pueblo que dispuso de medios ocupó a sus poblaciones en grandes trabajos, en general vinculados a su cultura religiosa o como en los romanos, a trabajos de conquista de los países vecinos.

Sobre las islas Trobriand, esta posibilidad no existía: no bastantes canteras de piedras, pocas maderas utilizable para la marina, estrechez del territorio. Se condenaba a la población en resumen a la ociosidad y ciertamente a la decadencia. Para colmar esta desventaja, no permanecía ya a la población que de ocuparse de sí mismo: los hombres de las mujeres, los adultos de los niños, etc de dónde la importancia de los ritos y fiestas para organizar las intrigas enamoradas, los pares y los intercambios entre familias y pueblos.

esto nos trae a nuestra sociedad de ocios o al menos a nuestra sociedad que tiene cada vez menos necesidad del trabajo humano ya que utiliza cada vez más las máquinas. ¿A hacer lo que van cuando vamos a trabajar menos aún en nuestras empresas de la economía comercial? ¿Vivir del Rmi? ¿Lanzarnos de grandes trabajos faraónicos mientras que las máquinas pueden hacerlo?

Hoy la respuesta se conoce: los asalariados en el trabajo pagan aún más y pagarán para los inactivos ya que nuestros sistemas de poderes quieren siempre guardar su influencia sobre el conjunto de la población: está prohibido trabajar diferentemente en la economía no comercial que a través del voluntariado.

Los Trobriandais nos muestran cómo se puede vivir sin tener que trabajar intensamente cuando los recursos que deben trabajarse son escasos y esto sin caer en la ociosidad. Al contrario al desarrollar las relaciones enamoradas, los placeres a base de sexualidad y utilización de la naturaleza no transformada por el hombre, llegaban a una fuerte cohesión social sin violencias individuales y colectivas al multiplicar las ocasiones de gustar otros socios sin romper la relación marital... eso les tomaba tiempo y solicitaba su imaginación, los obligaba a producir toda clase de regalos para favorecer estas relaciones.

¡Si elegimos utilizar las máquinas al lugar del trabajo humano, o sea! pero entonces organizan nuestro tiempo de vida sin ociosidad o dependencia y producen aún más relaciones sociales, enamoradas, comunitarias para eliminar también nuestras violencias usuales actuales.

A de la parte del ejemplo egipcio donde la población trabajaba la piedra cuando el trabajo a los campos no era ya posible a causa de las inundaciones, el ejemplo de las islas Trobriand responde a esta interrogación: que hacer conjunto cuando no hay casi posibilidad de trabajo o que rompimos nuestra enajenación en el trabajo impuesto por un sistema de poder económico.

Para nosotros, estos indígenas no se aclaraban demasiado mal en el punto ép de Malinowski y de su amigo Freud... y algunos entre nosotros aún hoy.

 

LA VIDA SEXUAL DEL SALVAJES

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